En el momento en el que «la sociedad» propiamente
no es sino una hipótesis, y no precisamente una de las más
plausibles, pretender defenderla contra el fascismo latente
de toda comunidad es un ejercicio de estilo empapado de
mala fe. Pues, ¿quién todavía hoy se reclama de «la sociedad
» sino los ciudadanos del Imperio, los que hacen bloque,
o más bien, los que hacen racimo contra la evidencia
de su implosión definitiva, contra la evidencia ontológica
de la guerra civil?