Josef:
- Y... he pensado que... bueno... en fin... que tú y yo... quizás podríamos ir a algún sitio uno de estos días, hoy mismo... En fin, si no tienes otra cosa que hacer.
Hanna:
- No. Creo que no va a ser posible.
Josef:
- ¿Por qué no?
Hanna:
- Por que tengo miedo de que si vamos juntos tú y yo a un sítio uno de estos días, quizás hoy no, quizás mañana tampoco... Sólo un día de repente... puede que empiece a llorar y llore tanto, tanto, tanto que nada ni nadie pueda pararme, y las lágrimas llenen la habitación y me falte el aire y... y... te arrastre conmigo y nos ahoguemos...
Josef:
- Aprenderé a nadar, Hanna, te lo prometo, aprenderé a nadar.
LA VIDA SECRETA DE LAS PALABRAS