Isadora Duncan:
La pasión y la libertad de la danza combativa
Mónica Fragoso Pasalagua
Pluma No. 6 - Primavera 2007
La danza surge de las entrañas del hombre y la mujer, de la fusión de sus cuerpos en el sonido a veces profano, sagrado o lascivo. Engendra las formas caprichosas de la nada evocando la sensualidad de lo imaginario o de lo existente.
Tan fresca y tan viva la danza, es hija de su tiempo y de quienes reclaman para sí el derecho a descubrir la complejidad de su ser al tocar sus fibras más sensibles.
Una de estas mujeres fue Asadora Duncan, una bailarina estadounidense nacida en San Francisco en 1878. Pionera de la danza moderna, dedicó su vida a sentar las bases de esa forma de bailar con la que pudieran expresarse los "sentimientos y emociones de la humanidad".1 Isadora representa la lucha por liberar a la danza de la rigidez de la técnica, que si bien es necesaria para dar precisión al ejecutante, suprime la espontaneidad y las nuevas posibilidades interpretativas.
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