Relajándose bajo el Acantilado Frío
las sorpresas son muy especiales
tomando un cesto para recoger plantas salvajes
devolviéndolo cargado con fruta
esparciendo césped fresco para una comida simple
mordisqueando hongos mágicos
enjuagando mi cucharón y mi plato en un estanque
haciendo un estofado de las sobras
sentándose solo envuelto en una túnica
leyendo los poemas de los antiguos.
Vivir por vivir, para gozar ásperamente, profundamente de todo aquello que ofrece la vida, para saborear hasta la última gota la copa de delicias y sorpresas que la vida tiende a quien toma conciencia de su propio ser.
Si la vida fuera otra
y la muerte llegase
entonces, te amaría
hoy, mañana...
por siempre...
todavía.