Después de muchos años coleccionando comics, la radioactividad junta de todas esas portadas satinadas (y las de los 90 con brillitos y hologramas). Han mutado a un humilde fan en un autónomo superpoderoso con una tienda de comics: Kikomic.

Con ella pretende salvar a la humanidad y promocionar los comics como la forma de cultura que son. (Y también ganar dinero, también hay que decirlo)