Tomar una decisión es justo como firmar un contrato, con todas esas letras, clausulas con una tipografía pequeñísima, sin advertirte de las consecuencias de haber firmado sin conocimiento, consecuencias por aquí y por allá. Pero la mayoría de las veces firmarás sin importarte lo que podrá pasar, las deudas que podrías tener, los problemas que podrías haber evitado. Al poner tu firma en ese contrato, te haces parte inexcluible de él. Eres una presa de tu propia mano, de tu decisión.