Fusagasugá, Colombia
Dios de los míos, la segregación del vacío in crecendo de mi sobriedad, la extirpación de la lujuria roja que prende el viento y llama la lengua, que lenta recorre los paladares azucarados de las hembras asfixiadas de hormonas, en los muladares, moteles y carreteras, perjudican mi cordura. No somos los mismos de aquellos años en que contábamos con la utopía madurativa del celo olvidado y que de ráfaga el oblicuo crepúsculo nos quitó del éter las manos y nos cegó con realidad. Mis venas se preparan viciosas al toque femenil, encumbrado en tus hijas, indiscriminadamente de si son bellas o rencorosas. Solo me importa ante la influencia etílica, permitirme roer el orgullo y avocarme a la piedad de los senos turbios y mentirosos de copa, porque ante mis murmullos no han sido acertadas las predicciones del escote, y le tengo fobia a mirar, provocarme y desilusionarme. Perdona que no acarree la honestidad ni la pulcritud necesa