No es lo que sucede en la realidad porque en realidad lo que sucede es inasequible para nosotros, somos entidades muy pequeñas para abrazar con aristócrata displicencia el resuello del océano, por ejemplo; el problema está en cómo observamos la realidad.
Yo no sé de disfunciones cromáticas porque las tengo todas y no tengo punto de comparación para distinguirlas, desde que nací veo las cosas en bicromía con alto contraste: el negro, para mí es negrísimo y el blanco se acerca por mucho al color del descanso, no puedo entonces confiar en que mi vida se rija por el ying o por el yang porque ambos forman parte del menú de la fonda en donde como diariamente.
Tú vienes aquí frente a mí y escupes una plasta de tonalidades que aseguras está conformada por abigarradas relaciones de colores que desconozco pero yo, así, con mi ecuménica fragilidad no puedo distinguir en ella ni siquiera una escala de grises; en ese tono soy así y me escapo y esquivo de la gama polícroma del mundo: en mi panta