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El hombre pequeño que nos roba una sonrisa
Personaje porteño I de la Ciudad de la Furia
El hombre pequeño se levanta muy temprano a la mañana, cuando aún es de noche. Su perra Luna ya se cansó de darle leves golpecitos en la cara para que despierte: es que el can necesita bajar para ir al baño.
Cuando salen a la calle, una ráfaga de viento helado y oscuro los envuelve. Perra y hombre pequeño se miran y no lo pueden creer: “¿Qué hacemos vos y yo acá, a esta hora?”, se preguntan, sin palabras.
El trámite no dura nada. La perrita hace sus necesidades, el hombre pequeño junta todo prolijamente en una bolsita y la tira en un cesto de basura. Es hora de volver a casa.
Aunque el animal continuará con un sueño reparardor, el humano no correrá la misma suerte: ya es tiempo de partir rumbo a la chamba. Así que se acicala un poco, se calza otra vez sus anteojos -sin los cuales no puede recorrer ni dos metros en su propio departamento- y sale o