De puño y letra

De puño y letra

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Existe un arte tan antiguo como la humanidad que ha hecho libres a los oprimidos y que ha unido a los amantes separados, un arte que puede darnos vuelta como si fuéramos un calcetín dejando nuestro cuerpo adentro y nuestra alma afuera… sin embargo es un arte en vías de extinción: el arte de escribir cartas de puño y letra.
Cartas de amor, cartas de consuelo, cartas pidiendo favores o agradeciéndolos, cartas que llegaron justo a tiempo o que se perdieron, cartas que salvaron vidas o que condenaron para siempre.
Hubo quien las escribía como Tatiana y hubo quien las leía, como las anónimas mujeres del sofá. Y la historia estuvo llena de cartas, pero ya no, porque ya nadie parece extrañar ese momento tan íntimo y sensual que era sostener el papel entre las manos, guardarlo bajo la almohada, leerlo y releerlo hasta saberlo de memoria, leerlo hasta que las palabras dejaban de ser sueños para volverse deseo.

Imagen de portada: La carta (1996), de Jack Vettriano

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